Dolor y Placer

Todo aquello que hacemos, lo hacemos bien por una necesidad de evitar el dolor, o por un deseo de obtener placer.

¿Qué te impide acercarte a esa persona deseada e invitarla a cenar?

¿Qué te impide emprender un nuevo negocio y dejar tu trabajo actual?

¿Por qué sigues aplazando la dieta o el dejar de fumar?

¿Qué te impide hacer lo necesario para que tu vida sea exactamente como te habías imaginado?

La respuesta es sencilla: aunque sabemos que todas esas acciones serían beneficiosas, que podrían aportar placer a nuestra vida, no logramos actuar sencillamente porque en ese momento asociamos más sufrimiento a hacer lo necesario que a dejar pasar la oportunidad.

 

Para la mayoría de la gente, el temor al dolor es mucho mayor que el deseo de placer; el temor a la pérdida es mucho mayor que el deseo de ganar.

¿Por qué la gente puede experimentar sufrimiento y, sin embargo, negarse a cambiar? Porque todavía no ha experimentado el dolor suficiente. Porque no ha llegado todavía a su umbral emocional.

Quién no ha tenido alguna relación destructiva en la que, hasta que no hemos alcanzado un nivel de sufrimiento que ya no estábamos dispuestos a seguir soportando, no hemos tomado finalmente la decisión de usar todo nuestro poder personal y decir “Ya tengo bastante, hasta aquí, esto debe cambiar”.

Ése es precisamente el momento mágico en que el sufrimiento se convierte en nuestro aliado. Nos impulsa a emprender una nueva acción y a producir nuevos resultados. Nos sentimos poderosamente impulsados a actuar y, en ese mismo momento, empezamos a anticipar cómo el cambio creará también un mayor placer en nuestras vidas.

¿Pero por qué tardamos tanto en llegar a ese momento mágico?

¿Por qué la gente persiste en una relación insatisfactoria y no está dispuesta a trabajar para encontrar soluciones o a darla por terminada y seguir su camino?

¿O por qué seguimos desempeñando trabajos que no nos llenan, que no nos gustan y en los que cada día nos sentimos más “quemados”? ¿Por qué no cambiamos de empleo o iniciamos nuestro propio proyecto profesional si es lo que en realidad nos gustaría?

Pues porque la gente sabe que el cambio conduce a lo desconocido, y la mayoría cree que lo desconocido será mucho más doloroso de lo que ya está experimentando. Es como aquel viejo proverbio: “Más vale lo malo conocido, que lo bueno por conocer”.

Pero curiosamente, en nuestro esfuerzo por alejarnos del dolor, inventamos estrategias y mecanismos que nos hacen caer en el sufrimiento, lo cual resulta aún peor. El dolor es inevitable pero es corto. El sufrimiento es opcional y se alarga en el tiempo.

Es importante que aprendamos en la vida qué crea sufrimiento para nosotros y qué nos produce placer para que así, podamos modificar nuestros comportamientos de manera que vayan orientados a conseguir placer en lugar de a evitar el dolor.

El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional.


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