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El amor consciente

El amor consciente

“No puedo vivir sin ti”, “Me moriría si te vas”, “Sin ti no soy nada”. Hemos escuchado tantas canciones que proyectan nuestra felicidad en el otro que hemos llegado a integrarlo como verdades absolutas en nuestras relaciones de pareja. Gran parte de los problemas en el mundo de la pareja no se deben a la falta de amor sino más bien a las dificultades para gestionarlo y vivirlo de manera que procure bienestar para ambos.

La pareja no está pensada para darnos la felicidad. Tú ya debes ser feliz por ti mismo. No cargues a nadie con esa responsabilidad porque será un camino de búsqueda en el que nunca llegarás a la meta. Y, del mismo modo, libérate tú también del peso de hacer feliz al otro: tampoco es responsabilidad tuya, no has venido a este mundo a hacer feliz a nadie. La felicidad empieza en uno mismo y se extiende hacia los demás. Se ha dicho muchas veces que la felicidad está en nuestro interior pero en realidad, TODO está en nuestro interior. Cuando sientes felicidad estás preparado para compartir felicidad con tu pareja y cuando sientes amor en tu interior y te amas a ti mismo es cuando estás preparado para amar de una forma sana, sin buscar que el otro cubra tus carencias y necesidades emocionales.

 

La pareja debe ser una relación de igualdad: hoy por ti pero mañana por mí. Debe haber un equilibrio. No “siempre por mí” pero tampoco “siempre por ti”. Pedir más de lo que das resulta egoísta pero dar mucho también puede generar en el otro un sentimiento de deuda y empequeñecerlo.

El amor consciente es aquel basado en una relación de dos adultos que se sostienen sobre sus propios pies, no dos niños buscando a sus padres. Cuando tienes una relación sana, madura y sobre todo, te amas a ti mismo, te alegra el corazón compartir momentos con esa persona, pero sabes que sin ella también te irá bien. No sientes una dependencia emocional ni cargas al otro con el peso de “hacerte feliz”. No hay grandes turbulencias emocionales ni juegos psicológicos desgastantes, por los que muchos de nosotros hemos  pasado en alguna ocasión. Las parejas conscientes logran establecer entre ellas pautas de intercambio que las nutren y enriquecen. Esta relación es el resultado del encuentro de dos naturalezas que armonizan sin grandes desencajes. La pareja es un campo de crecimiento en el que se van limando asperezas del ego gracias a que el amor compartido es capaz de soportarlas.

Amar desde el alma y no desde la necesidad comporta amar las sombras del otro, su ego, sus dificultades y ser compasivo con ello. Amar de forma consciente es respetar quién es y cómo es el otro. Es desear lo mejor para esa persona de forma espontánea, desear su felicidad de forma natural aun por encima de tus propios deseos. Amar desde el alma implica incluso aceptar que, quizá, lo mejor para esa persona sea no permanecer a tu lado. Si amas de verdad, deseas su felicidad por encima de todo. No te acompañará en tu camino pero siempre te acompañará desde tu corazón.

Como dice el protagonista de una historia que cuenta Jorge Bucay …

«Fui a comprar un final feliz, busqué y busqué y, viendo que no lo podría encontrar, decidí invertir en un nuevo comienzo”.


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