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El Sistema Educativo: Suspenso

El Sistema Educativo: Suspenso

Se ha visto la importancia de la educación emocional en los últimos años, en cambio es una materia todavía pendiente en las escuelas. Promover los valores para el propio descubrimiento y para poder dar a la sociedad lo mejor de nosotros mismos es tan importante como saber sumar y restar.

Vemos cómo desde niños no sabemos gestionar nuestras emociones. Ni qué decir cuando llegamos a la época de la adolescencia, en la que nuestra mente y cuerpo entran en conflicto y rebeldía con las normas sociales y no sabemos cómo gestionar todo lo que nos está pasando.

Una vez escuché a Borja Vilaseca decir que vivimos en una sociedad de “eruditos racionales” y “analfabetos emocionales”. Totalmente de acuerdo.

Constantemente se están haciendo reformas en el sistema educativo, pero en realidad lo que el plan de estudios necesita no es que lo reformen, sino que lo transformen. El modelo actual no funciona.

 

Las escuelas públicas se crearon en el siglo XIX con el objetivo de convertir a campesinos analfabetos en obreros obedientes para las funciones mecánicas que iban a desempeñar en las fábricas. Si nos paramos a pensar en los centros de enseñanza secundaria, veremos muchos paralelismos con las cadenas de montaje y la producción en serie. Es cierto que la fórmula pedagógica actual permite que los estudiantes aprendan a leer, escribir y hacer cálculos matemáticos, pero en cambio, mata la creatividad y no les enseña a potenciar su inteligencia emocional.

La inteligencia emocional nos da esas habilidades y capacidades que necesitamos en la vida para tener éxito, más allá de nuestro currículum académico, más allá del sobrevalorado Cociente Intelectual. Opino que está sobrevalorado porque… ¿de qué me sirve ser un “cerebrito” si después no sé relacionarme con las personas con las que tengo que convivir ni sé entender mis emociones?

En la vida siempre tenemos que relacionarnos con otras personas y la empatía y una buena gestión emocional es lo que nos hará tener buenas relaciones y, en definitiva, tener éxito y sentirnos felices con nuestra vida.

Algo está fallando en el sistema educativo. Dedicamos media vida a entrenar nuestra mente, a aprender a razonar, a deducir, a diferenciar, a argumentar pero… ¿y nuestro lenguaje emocional?

Nuestros niños no tienen ni idea de cómo gestionar sus emociones: no saben cómo sobrellevar una crítica en el colegio, un conflicto que han tenido en el parque o cualquier otro problema que tengan con sus amigos o familiares.

Y cuando llegan a la adolescencia la situación aún es peor. Cada vez hay más adolescentes que opinan que el colegio no les aporta nada útil ni práctico y sienten que no les dan las herramientas que necesitan para afrontar los problemas típicos y diarios de su edad.

En vez de plantearles preguntas para que piensen por sí mismos, se limitan a darles respuestas pensadas por otros, tratando de que amolden su pensamiento y su comportamiento al establecido por la sociedad. Muchos se sienten perdidos, no saben qué dones o cualidades tienen ni qué les apasiona.

Los adolescentes necesitan descubrir por sí mismos cuáles son sus dones y cualidades individuales, qué les apasiona, y no seguir las pautas del sistema educativo que no lo tienen en cuenta como ser único. Un adolescente, para el sistema educativo actual, es simplemente una pieza más de la cadena de montaje.

Si se introdujera educación emocional en los colegios, los chicos serían capaces de autogestionarse y de conocerse mejor.

Definitivamente, si nos enseñaran inteligencia emocional desde pequeños, la mitad de los traumas que tenemos de adultos no existirían.


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