Emocionalmente fuerte

Las personas emocionalmente fuertes siempre salen adelante. No importa lo complicado que pueda parecer el presente, ellos siempre aseguran que vendrán tiempos mejores. Mantienen la calma en las situaciones más difíciles y confían en sí mismas, lo que les permite superar la mayoría de retos que se proponen. Incluso cuando no obtienen el resultado que esperaban, en lugar de contemplarlo como un fracaso, lo toman como un aprendizaje, remodelan la ruta y siguen su camino; no se rinden jamás.

Las personas emocionalmente fuertes no alimentan el desgaste psicológico que supone estar constantemente pensando en lo que los demás opinan de uno mismo, se respetan, se aceptan y creen en sí mismas sabiendo que si se equivocan, se perdonarán y no se juzgarán. Curiosamente no se caracterizan por tener rasgos típicos de poder, como la agresividad o el dominio ya que, en realidad, uno tiene la necesidad de irradiar y demostrar poder cuando cree que no lo tiene. Quien es fuerte sabe que su paz interior es la fuerza más resistente que tiene.

 

A menudo la fortaleza emocional se ha interpretado de forma errónea como una falta de emociones y sentimiento, una especie de armadura de insensibilidad presentada como una resistencia superior e inquebrantable. Nada más lejos de la realidad.

Cuando eres fuerte no te pasas la vida intentando huir de las emociones o buscando formas de anestesiarlas, sino que te permites a ti mismo sentir lo que necesitas en cada momento. Las personas perdemos el control cuando nos negamos a sentir o cuando reprimimos sentimientos porque es cuando los acabas expresando de maneras más traicioneras.

Pero no es oro todo lo que reluce. Ser fuerte te incita a asumir muchas responsabilidades, a “cargar con todo”, aun no siendo necesario e incluso cuando nadie te obliga a ello. Posiblemente sea un aprendizaje adquirido del pasado, a menudo durante la adolescencia o en la más temprana etapa adulta. Y ahora tú ya funcionas así, no sabes hacerlo de otra manera.  Es cierto que consigues lo que te propones pero jugar a los superhéroes conlleva sus riesgos: te priva de las pausas necesarias para reflexionar acerca de lo que estás haciendo y te priva de recibir ayuda de los demás.

Ser fuerte te empuja a jugar la partida a solas, contando únicamente contigo mismo. Te acostumbras a transitar solo por el sendero de la vida convenciéndote a ti mismo de que no necesitas a nadie.

Ser fuerte está muy bien pero debemos aprender a pedir consejos y a solicitar el apoyo de quienes nos rodean.

 

Aunque los demás nos ayuden, eso no le restará mérito a nuestros logros.


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