Paciencia: saber esperar

La palabra paciencia deriva del latín patiens, esto es «el que padece», así que podríamos decir que la misma palabra ya nos hace pensar en sufrimiento.

No sabemos esperar, nos han enseñado a correr, a vivir con estrés y con los plazos de fechas límites en nuestros talones. Por eso, no tenemos tiempo para esperar a meditar una decisión, ni un resultado, queremos que todo sea rápido, aunque eso signifique perder una gran oportunidad para nuestra vida o equivocarnos.

Vivimos en la sociedad del “Ya”: no podemos esperar a mañana, ni a llegar a casa, ni a ver a una persona… Todo nos va indicando que tenemos que resolverlo ahora y acabamos haciendo cosas “Ya”, de forma poco premeditada, como una manera de liberarnos de la ansiedad.

¿Te has dado cuenta que la mayoría de nosotros ya caminamos con el móvil en la mano?

Ya ni siquiera lo guardamos en el bolso o en la chaqueta, sino que lo llevamos en la mano para poder contestar en cuanto suene, inmediatamente, sin esperar ni medio segundo.

En todo momento estamos comunicados y localizados, sin tiempos en los que simplemente no estamos para el mundo y sí para nosotros.

 

La sociedad cultiva la impaciencia, el ritmo frenético, el estrés y nos dejamos llevar sin plantearnos las consecuencias. Y, la verdad, es que esta dinámica se está convirtiendo en algo que nos está destruyendo.

Piensa que en algún momento nos inundará el sentimiento de no haber vivido para nosotros, porque quizás lo hemos hecho para otros, para la empresa o para el sistema. 

 La paciencia es una actitud necesaria para vivir en el aquí y ahora, disfrutando del momento presente, viviéndolo, sintiéndolo y siendo conscientes del mismo. Y, más que la capacidad de esperar, es más bien la habilidad de mantener una buena actitud mientras esperas. 

Vivir desde la paciencia implica saber esperar a que las cosas ocurran de forma natural, sin forzarlas y sin presiones, sabiendo esperar a que lleguen las oportunidades. 

 No se nace paciente. Los bebés lloran cuando tienen hambre. No toleran la insatisfacción inmediata que les genera la falta de alimento pero, poco a poco, van aprendiendo que, aunque tarde un poco más, finalmente el alimento llega.

Pues así con todo en la vida.

Paciencia, todo llega en su debido momento. 


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